1924 Bugatti tipo 35: Bonito e invencible

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Corrían los locos años 20. Europa intentaba poco a poco despegar de la barbarie, después de haber quedado aniquilada tras la Primera Guerra Mundial. El automovilismo ganaba cada vez más aficionados gracias a carreras como la Targa Florio, la Mille Miglia o las 24h de Le Mans y marcas como Alfa Romeo o Bentley contaban ya con una larga trayectoria en el mundo de la competición. La marca Bugatti, que ya tenía casi dos décadas de vida, no terminada de encontrar un lugar destacado en las carreras más importantes, hasta que en 1924 presentó el tipo 35, un vehículo que, además de bello, considerado el coche de carreras más bonito de la década, catapultó definitivamente a la marca francesa a la victoria en la competición

En 1909 Ettore Bugatti fundó una marca que llevaría su apellido en la localidad de Moslheim, en Alsacia, una región en aquel entonces perteneciente a Alemania pero que, con el Tratado de Versalles, volvería a formar parte del territorio francés. Los comienzos no fueron fáciles y los primeros modelos, el tipo 13 Brescia y el tipo 32 no tuvieron apenas éxito debido a su escasa fiabilidad. Pero en 1924, la compañía produjo el tipo 35, un modelo que se convertiría en una máquina de arrollar en las carreras y que colocaría el nombre de Bugatti en un lugar prominente en la competición.

El tipo 35 inauguró el famoso radiador en forma de arco que se convirtió en una seña de identidad, caracterizando desde entonces a todos los modelos de la marca. Debutó en la competición el 3 de agosto de 1924 en el Gran Premio de Lyon, aunque con una participación algo discreta. Poco después consiguió la primera victoria, curiosamente en territorio español, en el Gran Premio de San Sebastián.

Su éxito radicaba en un enorme motor de 8 cilindros en línea de 2.262 centímetros cúbicos que desarrollaba 130 caballos a 5.500 rpm, permitiéndole superar los 200 km/h. Esa potencia la transmitía a través de una caja manual de cuatro relaciones. Contaba con frenos de tambor mediante cable y ruedas con tambores integrados y de aleación fundida.

Bugatti tipo 35. Foto: allfotocars.com

Bugatti tipo 35. Foto: allfotocars.com

Este enorme propulsor estaba compuesto por un cárter de aleación cubierto por un bloque de hierro fundido y una culata integral. Tenía la particularidad de que sólo tenía una leva en la cabeza que se movía mediante un eje y engranajes desde el cigüeñal, consiguiendo mover tres válvulas por cilindro.

El esquema de suspensiones también era llamativo. La delantera era de eje hueco con muelles de lámina semielípticos y amortiguadores de fricción. En cambio, en el eje posterior los muelles eran  de lámina cuadrielípticos invertidos, varillas radiales hacia adelante y amortiguadores de fricción.

Hasta 1930, año en que estuvo en producción, se hicieron varias versiones diferentes del tipo 35. Así, la compañía francesa realizó el tipo 35A, que montaba un motor más pequeño y menos potente que el original; el tipo 35T, diseñado exclusivamente para la Targa Florio de 1926; el tipo 35C, que presentaba como novedades un sobrealimentador Rootes y un carburador Zenith y ganó el Gran Premio de Francia en 1928 y 1930; y por último, el tipo 35B, que utilizaba el mismo motor 2.3 del 35C pero con un gran sobrealimentador que le proporcionaba una potencia de 138 caballos y alcanzaba los 210 km/h. El tipo 35B consiguió ganar el Gran Premio de Francia de 1929.

Bugatti tipo 35. Foto: allfotocars.com

Bugatti tipo 35. Foto: allfotocars.com

El éxito del tipo 35, con sus diferentes modificaciones, fue tal que, en sus seis años de vida, cruzó la línea de meta en primera posición en más de dos mil carreras. Entre 1924 y 1926, ganó un total de 351 carreras y estableció cuarenta y siete marcas. En el mejor momento de Bugatti, logró ganar una media de catorce victorias por semana. Pero sin duda, el mayor éxito del tipo 35 fue el dominio aplastante en la Targa Florio, consiguiendo cinco victorias consecutivas, desde 1925 hasta 1929.

La década siguiente también fue exitosa para la marca radicada en Alsacia pero, como ocurriría a otros fabricantes, el inicio de la Segunda Guerra Mundial, truncaría la deriva de la compañía. Tras el cese de las bombas, Ettore Bugatti fallecería y la marca no volvería más al esplendor que gozó en el periodo de entreguerras. En los años cincuenta cesaría la producción, hasta que finalmente la empresa fue vendida a Hispano-Suiza en 1963.

Cuando en la actualidad pensamos en Bugatti, en nuestra mente aparecen grandes superdeportivos, auténticas bestias como el Veyron o el nuevo Chiron, que asombran con motores mastodónticos que superan los mil caballos y precios a la altura de esa potencia. Pero el origen de esta marca es bien distinto a lo que es hoy. El tipo 35 permitió a Bugatti escribir su nombre entre las marcas más importantes en la competición, gracias a sus numerosas victorias, sobre todo en carreras de resistencia como la Targa Florio. Apenas encontró resistencia en la pista, destrozando a todo aquel que osó enfrentarse a él y, además, era el coche de carreras más bonito. La simbiosis perfecta. 

 

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