Hispano-Suiza: la Rolls Royce española

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Cuando pensamos en una marca española de automóviles lo hacemos en la única que tenemos, SEAT, aunque, como sabemos, pertenece al grupo Volskwagen desde hace treinta años y de español conserva solamente las siglas. Una marca que fabricaba vehículos utilitarios de bajo coste para motorizar la sociedad española en la década de los cincuenta, cuando España comenzaba a despertarse muy lentamente del ocaso de la posguerra. Sin embargo, a principios del siglo XX nació una marca española que hizo gala del máximo lujo y riqueza de la época, cuyos automóviles alcanzaron el reconocimiento y prestigio de todos los aficionados al automovilismo y de las clases más adineradas. Lamentablemente, la Guerra Civil, primero, y la autarquía y el aislamiento de España, después, provocaron la defunción de la Roll Royce española.

Hispano-Suiza nació en 1904, en Barcelona. Sus padres fueron dos empresarios catalanes, Darmián Mateu y Francisco Seix, y un ingeniero suizo, Marc Birkigt. La España de principios de siglo XX era un país en el que el feudalismo seguía siendo la forma de organización política, social y económica. Un país de unas enormes desigualdades sociales, con una aristocracia minoritaria pero muy rica y una clase baja terriblemente pobre. En esa España desigual, nació uno de los fabricantes de lujo más importantes de Europa. Lógicamente, el producto de la empresa barcelonesa iba dirigido a esas clases altas que podían adquirir coches enormemente caros.

Aunque la empresa nació en 1904, su origen es más remoto, concretamente seis años atrás. En 1898 fue fundada también en Barcelona la Compañía General Española de Coches Automóviles Emilio de la Cuadra, Sociedad en Comandita, por el militar Emilio de la Cuadra. Un título larguísimo que sería conocido simplemente como La Cuadra. Esta empresa ya contaba con el ingeniero Marc Birkigt, quien pronto empezó a ganar un gran reconocimiento por los motores que producía. En 1901, La Cuadra era económicamente insostenible y se vio obligada a cerrar. Un año más tarde, uno de los acreedores de la empresa, José María Castro Fernández, constituyó una nueva sociedad, la José Castro, Sociedad en Comandita, Fábrica Hispano-Suiza de Automóviles. Aparecía por primera vez el nombre Hispano-Suiza. Birkigt sería nombrado director técnico. La nueva marca adquirió las instalaciones y maquinaria de la antigua La Cuadra y concluyó los modelos de esa marca que habían quedado sin terminar. En 1903 salió el primer modelo propio de Castro, con un motor bicilíndrico de 10 caballos derivado de otro que Birkigt había preparado para La Cuadra. El ingeniero suizo trabajó posteriormente en un nuevo motor, esta vez de cuatro cilindros, 2.5 litros y 14 caballos que presentaba una novedad en la época, la presencia de dos árboles de levas, uno para la admisión y otro para el escape. Los modelos de Castro comenzaban a tener éxito y Birkigt se convertía en un ingeniero de gran fama. Pero, cuando mejor iba la empresa, los problemas económicos aparecieron otra vez y acabó con la vida de la compañía española en 1904. Fue entonces cuando, el 14 de junio de ese mismo año, se constituye una nueva sociedad, la Hispano-Suiza Fábrica de Automóviles S.A., gracias a la participación de dos empresarios, Francisco Seix Zaya, poseedor de un vehículo La Cuadra y admirador de Birkigt, y Darmiá Mateu i Bisa, acreedor de la empresa de Castro. Con un capital de 500 mil pesetas, la nueva empresa cuenta también con Marc Birkigt como director técnico. Como hiciera La Castro, los primeros trabajos de la nueva marca se centraron en terminar los modelos de la compañía a la que sucedía y que quedaron inconclusos.

Hispano-Suiza. Foto: classicdriver.com

Hispano-Suiza. Foto: classicdriver.com

Los vehículos de Hispano-Suiza comenzaron a adquirir un gran prestigio por su fiabilidad y calidad y se convirtieron en un símbolo del lujo. En 1906, Hispano-Suiza se presentó en los salones de París y Londres, recibiendo una enorme admiración y, ante el crecimiento de la demanda de sus automóviles, construyó una nueva fábrica en la ciudad Condal, en la zona de La Sagrera. Pero no sería hasta la década de 1910 cuando la compañía crecería y empezaría a ganarse una imagen como marca de lujo, gracias, entre otras razones, a la aportación del rey de España, Alfonso XIII, quien era un gran aficionado al automovilismo e hizo de relaciones públicas, promocionando la imagen en las altas esferas sociales. De hecho, el monarca se convertiría en accionista de la empresa, llegando a poseer hasta un ocho por ciento de esas. Así, en 1911 vio la luz el Hispano-Suiza T45, que sería bautizado posteriormente con el nombre del Jefe del Estado. El Hispano-Suiza Alfonso XIII fue el primer vehículo en la historia dotado con características propias de lo que entendemos por un coche deportivo. Era un biplaza pequeño, pesaba poco, muy ágil y divertido de conducir y muy rápido.

Hispano-Suiza. Foto: classicdriver.com

Hispano-Suiza. Foto: classicdriver.com

En 1910, la marca empezó a participar en carreras oficiales y alcanzó su mayor gloria al ganar el Gran Premio de Oustende y Boulogne, una de las carreras más importantes de la época. En pleno apogeo económico, ese mismo año estalló una huelga de trabajadores que a punto estuvo de acabar con la marca española, como le ocurriera a sus dos predecesores, La Cuadra y La Castro. Como consecuencia de aquella huelga, la compañía tuvo que renunciar a una parte de su producción y, además, fue una de las razones que motivaron la apertura de otra fábrica en Francia, en la localidad de Levallois-Perret, cerca de París, país en donde encontraba unas condiciones más ventajosas para su crecimiento. Tanto es así que, en 1912, la fábrica francesa superó la producción de la de Barcelona.

Pero el inicio de la Primera Guerra Mundial supuso un cambio radical en la vida de Hispano-Suiza, que pasó de fabricar automóviles a motores de avión. Marc Birkigt produjo un motor de ocho cilindros en V y 140 caballos de potencia de una enorme fiabilidad para la aviación aliada que permitió la victoria de ésta sobre los aviones alemanes. Pero la marca tuvo que paralizar la actividad en su fábrica de Francia debido al conflicto, por lo que toda la producción se concentró en Barcelona y la fábrica de LaSagrera no daba abasto. Esta circunstancia propició que Hispano-Suiza vendiera la licencia de sus motores a fabricantes de otros países, como Francia, Reino Unido o Estados Unidos para poder satisfacer la demanda de motores. Ya sea directamente o bajo licencias, casi cincuenta mil propulsores de avión de la marca española fueron construidos desde 1915, convirtiéndose en el principal producto de la compañía, por encima incluso de los automóviles de lujo. Durante la Gran Guerra apareció un nuevo símbolo de la marca que se convertiría en la imagen de la empresa, la cigüeña. Ésta rendía homenaje a un famoso piloto francés que murió en combate y que pertenecía a un escuadrón francés, muy afamado por sus numerosas victorias en el frente y cuyos aviones lucían una cigüeña pintada en el fuselaje. Así, el símbolo de este ave apareció, junto con las banderas de España y Suiza, en el salón de París de 1919, en el Hispano-Suiza H6B, un vehículo que extremadamente lujoso y técnicamente muy moderno, ya que fue el primer coche que disponía de frenos servoasistidos, una novedad que copiarían más adelante marcas como Rolls Royce.

Durante los cuatro años que duró el conflicto armado, el capital de Hispano-Suiza aumentó exponencialmente, llegado a los diez millones de pesetas. Este hecho propició que, después de la Paz firmada en Versalles, el gobierno francés declarase la guerra a la marca española. El motivo no era otro que económico. En virtud de un acuerdo firmado en 1862 entre España y Francia, ninguna empresa española pagaría impuestos en territorio francés y ninguna sociedad francesa haría lo propio dentro de las fronteras españolas. Por ello, la marca abrió una fábrica en suelo francés tras la huelga de 1910. Sin embargo, el Estado francés olvidó por completo este tratado y gravó con elevados impuestos  a la marca española. Ésta, al negarse a pagar, vio cómo el gobierno galo procedió al embargo de sus instalaciones. Lo que empezó como una desavenencia entre un gobierno y una empresa, se convirtió en un conflicto entre dos países que se prolongó hasta 1922. Finalmente, ese año se llega a un acuerdo gracias a la mediación del que fuera Presidente de la Confederación Suiza hasta 1919, Gustave Ador, quien dio la razón a España. La consecuencia inmediata de esta resolución fue la conversión de la fábrica francesa en una empresa cien por cien del país vecino, con entidad propia y gestionada por una sociedad francesa con capital francés, la  Société Française Hispano Suiza, S. A., de la que la matriz española poseía la mayor parte de las acciones.

En 1920, a petición del rey Alfonso XIII, Hispano-Suiza creó una nueva filial, La Hispano, Fábrica de automóviles y material de guerra, Sociedad Limitada, cuya fábrica se estableció en Guadalajara. Se trataba de dotar a la compañía de un brazo militar para construir vehículos, camiones y motores de avión para el ejército español. Y en 1925, nació la Hispano-Argentina Fábrica de Automóviles S. A., otra sucursal de la marca española para producir vehículos en el país sudamericano. Durante la década de los años veinte, la marca española produce varios modelos. En la fábrica de Francia, ahora en Bois-Colombres, nace el H6C, capaz de alcanzar los 150 km/h, convirtiéndose en el vehículo más rápido del momento. Mientras, la fábrica de Barcelona produce el T49, una versión reducida del H6, y el T48, un poco más pequeño y menos potente. Pero hay un año muy importante en la historia de la marca, 1929. Ese año, se produce un hecho histórico que no tiene que ver con el automovilismo. Un avión Breguet, de tipo Gran Raid, bautizado con el nombre de Jesús del Gran Poder, fabricado en España y con motor Hispano-Suiza, despegó el 14 de marzo, Domingo de Ramos, desde Sevilla y cruzó el Atlántico hasta la ciudad brasileña de Bahía, batiendo el récord de distancia de la época. De esta forma, España entraba en la historia de la aviación de la mano de Hispano-Suiza.

La década de los años veinte supuso la consolidación de Hispano-Suiza como marca de lujo y prestigio. Destacadas autoridades y jefes de Estado, así como grandes personalidades de la época, como Pablo Picasso entre muchos otros, tuvieron un modelo de la marca española. Sin embargo, los años treinta ya no serían tan buenos, al menos en España, debido al convulso clima político que se respiraba en nuestro país. Mientras en Francia era presentado el J12, un coche que debía su nombre a su enorme motor, un bloque de doce cilindros y nada menos que 9.5 litros que desarrollaba 220 caballos con los que alcanzaba los 170 km/h, y Birkigt continuaba con el diseño de un nuevo modelo, el K6, en España la marca no es que recibiera con los brazos abiertos la llegada del nuevo régimen democrático nacido de las urnas y proclamado el 14 de abril de 1931. Para empezar, la República había destronado a su principal valedor y divulgador, el rey Alfonso XIII. Si hubo una clase social que no aceptaba de ninguna manera el nuevo gobierno, era la naturalmente aristocracia y las clases más adineradas, quienes componían la clientela de la compañía. Por lo tanto, su relación con esas capas sociales y como símbolo de lujo y riqueza le perjudicó. Las ventas empezaron a caer. Aun así, la fábrica siguió produciendo vehículos nuevos como el T60, el T64, el T56 y el Grand Sport. La filial militar de Guadalajara fue vendida a la italiana FIAT, excepto la sección de aviación. En 1935 se produjo un hecho luctuoso. Uno de los fundadores de Hispano-Suiza, Damián Mateu, murió de una enfermedad y su hijo, Miguel Mateu, le sustituyó en el cargo. Ese año, la inestabilidad en el país es cada vez más elocuente y el desarrollo de los acontecimientos conduce irremediablemente a una guerra civil, guerra que finalmente estalla el 18 de julio de 1936. Los dirigente de la marca, que no veían con buenos ojos (al menos, la mayoría) el advenimiento de la República española, apoyaron la sublevación del ejército en Marruecos. Incluso, parte de la maquinaria de la fábrica de Guadalajara fue trasladada hasta Alicante y, allí, en un taller improvisado, reparaban aviones soviéticos para que fueran utilizados por el ejército de Franco. En 1938, salió de la fábrica de Bois-Colombes  los últimos Hispano-Suiza producidos en Francia, mientras Birkigt se trasladaba a Ginebra, donde fundó la Hispano-Suiza (Suisse) S.A.

Hispano-Suiza. Foto: classicdriver.com

Hispano-Suiza. Foto: classicdriver.com

Terminada la Guerra Civil, la empresa entró en una profunda crisis de la que ya no se recuperaría jamás. El estado de España después del conflicto fratricida era deplorable y la autarquía y el aislamiento durante toda la década de los años cuarenta agravaron aún más la situación. A esto hay que sumar el inicio de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Birkigt volvió a Barcelona para intentar reflotar la compañía pero fue imposible. Finalmente, la sentencia de muerte de Hispano-Suiza llegó en 1946, cuando el recién creado Instituto Nacional de Industria, una entidad estatal, adquirió la marca barcelonesa, dando lugar así a una nueva marca, ENASA, que continuaría fabricando vehículos, especialmente camiones y autobuses a través de la filial Pegaso. Por su parte, la división francesa Société Française Hispano Suiza, S. A, fue también absorbida por la empresa francesa SAFRAN, mediante la filial Snecma en 1968.

Este fue el triste final de una de las marcas de automóviles más importantes en su tiempo y, a la vez, el nacimiento de otra gran marca española como Pegaso. Hispano-Suiza escribió el nombre de España en el panorama automovilístico europeo y se erigió como una de las marcas más respetadas y reputadas de la época en las más altas esferas sociales, a la altura de otras como Rolls Royce o Mercedes Benz. De no haber sucumbido en 1946, quién sabe si hoy tendríamos una marca española compitiendo con Bentley, Rolls Royce y Meybach. Y no sólo destacó en el automovilismo sino, también en la aeronáutica, gracias al ingenio de uno de los mejores ingenieros de aquella época y, sin embargo, olvidado en el tiempo, Marc Birkigt, con la fabricación de grandes motores que abastecieron a los cazas aliados en la Primera Guerra Mundial y les permitieron imponerse a los alemanes. Toda una proeza en una España carente de recursos.

 

Fuentes:

-lahispano-suiza.com

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