1956 Renault Dauphine: El Delfín de Francia

Hasta ahora, he hablado aquí de varios coches clásicos pero, la mayoría han sido modelos de las primeras décadas del siglo XX, a excepción del Alfa Giulietta Spider de 1955.Hoy vuelvo a esa misma época, la maravillosa década de los cincuenta, que supuso, por un lado, el relanzamiento de la industria automovilística en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, que permitió la motorización de la sociedad europea y, por otro, la aparición de grandes modelos que se convirtieron en un mito para diferentes marcas de distintos países. Uno de esos automóviles fue el Renault Dauphine de 1956 que, no sólo contribuyó a motorizar la sociedad francesa sino, también a otros países como España, Brasil o Argentina. Fue especial el protagonismo que cobró este pequeño utilitario en el país de la Patagonia, donde hoy es uno de los vehículos más apreciados de la historia.

El Renault Dauphine fue presentado en el salón de Ginebra en marzo de 1956, pero su proyecto se empezó a gestar en 1951. El Dauphine venía a reemplazar al 4CV o, conocido popularmente, como Cuatro-Cuatro, el primer modelo tras la nacionalización de Renault después de la guerra que salió al mercado en agosto de 1947 y había permitido a la clase media francesa acceder al primer automóvil. El Cuatro-Cuatro tuvo un enorme éxito pero era necesario aumentar la gama de productos. Aunque el Dauphine sustituía al 4CV, ambos convivieron en el tiempo hasta 1961. El nuevo modelo se situaba entre su hermano pequeño, el 4CV,  y el mayor, el Fregate, una berlina de mayor tamaño y con motor delantero. En un principio, el Dauphine iba a ser bautizado con el nombre de Corvette (corbeta), siguiendo la nomenclatura naval. Pero ya en EE.UU, la General Motors había utilizado esa denominación para el flamante deportivo de Chevrolet. Así que la marca francesa lo cambió por el de Dauphine, que significa delfina. Hay que decir que, en francés, el sustantivo coche es femenino, de ahí que lo llamaran Delfina.

Renault Dauphine. Foto: bestcarmag.com

Renault Dauphine. Foto: bestcarmag.com

Mecánicamente, el Dauphine no distaba mucho del modelo al que reemplazaba. Se servía de un motor de aspiración natural y refrigerado por agua de cuatro cilindros en línea colocado en posición trasera, al igual que el 4CV, con 845 centímetros cúbicos, carburador Solex, una potencia de 30 caballos a 4.200 rpm que trasladaba al eje trasero y alcanzaba una velocidad máxima de 112 km/h. Estaba asociado a una caja de cambios manual de tres velocidades y marcha atrás. Las suspensiones eran independientes en cada rueda y los frenos de tambor. No destacaba precisamente por ser un vehículo rápido y fue una de las críticas que recibía a menudo el Dauphine, a pesar de que no era un coche concebido para la velocidad sino para transportar cómodamente a una familia. El diseño, ideado por Robert Barthaud, dotaba al utilitario francés de unas líneas modernas, un cuerpo de tres volúmenes con cuatro puertas que facilitaban el acceso a su interior y permitía viajar con comodidad a cuatro ocupantes. Además, el maletero, situado en la parte frontal, tenía una capacidad suficiente para transportar varias bolsas de la compra, diversos objetos o alguna maleta. Era, en definitiva, un automóvil  óptimo para el uso cotidiano, además, con unas dimensiones contenidas que facilitaban la maniobra de aparcamiento.

Renault Dauphine. Foto: bestcarmag.com

Renault Dauphine. Foto: bestcarmag.com

Más adelante, apareció una versión más lujosa del Dauphine, con el apellido Ondine, que se diferenciaba únicamente en presentar mejores acabados, tanto en el exterior como en el interior. Pero la versión que catapultó a la fama al Dauphine fue el Gordini en 1961, un nombre que se convertiría, a partir de entonces, en sinónimo de deportividad en Renault. Amadeé Gordini fue el ingeniero que se encargó de hacer una serie de retoques en el conjunto de la mecánica del pequeño utilitario para convertirlo en una auténtica bala. Gracias a modificaciones en el carburador, que pasaba de 28 a 32 y al aumento de la compresión de 7’7:1 a 8:1, la culata, válvulas y una mejora en la refrigeración del motor, elevó la potencia hasta los 55 caballos, alcanzando los 140 km/h, unas prestaciones más dignas de un pequeño deportivo que de un coche urbano convencional. Además, introducía una nueva transmisión con cuatro relaciones y sustituía los frenos de tambor por otros de discos. Fue tal el protagonismo del Gordini que se acabó conociendo al vehículo simplemente como Renault Gordini. Hasta 1968, año en que salió al mercado la última evolución, sufrió leves modificaciones, tanto mecánicas como estéticas. Ocupó también su espacio en la competición, participando en diversas pruebas de rallies.

El Dauphine no sólo fue un éxito en Francia sino, también en otros países europeos y americanos. Fue notablemente importante en Argentina, donde supuso el acceso a un automóvil para muchos argentinos. El modelo francés se fabricó en otros países bajo diferentes licencias, como Ika en Argentina, Willys-Overland en Brasil, Alfa Romeo en Italia para competir con FIAT, o FASA en España. Su sucesor fue otro mito del automovilismo de los setenta, el Renault 8, pero el Dauphine fue uno de los modelos pioneros del concepto “pequeña bala” que iniciaron otras marcas como Abarth en Italia con modelos de FIAT.

Renault Dauphine. Foto: bestcarmag.com

Renault Dauphine. Foto: bestcarmag.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s