1936 Mercedes 540k: Deportividad y glamour alemán

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Tres años después del ascenso del partido Nazi a la cancillería de Alemania, en medio de la transformación espectacular que sufría un país que intentaba recuperar el orgullo herido en el Tratado de Versalles tras la Gran Guerra y cuyo gobierno, a través de políticas expansionistas, totalitarias y racistas, se precipitaba decididamente hacia otra guerra mundial que volvería a enfrentar a las naciones más potentes del globo, nació uno de los coches más bonitos y elegantes de toda la historia del automovilismo, en cualquiera de sus carrocerías, un vehículo que fue el símbolo del poder y la gloria de un país en el periodo más negro que ha conocido Europa.

En el Salón del Automóvil de París de 1936 fue presentado el Mercedes 540k, un deportivo que hoy sería equiparable a la nueva Clase S coupé y cabriolet de la marca de la estrella. Un coche espectacular por su diseño pero también por sus características mecánicas y por algunos elementos tecnológicos innovadores, razones por las que se convirtió en el vehículo de lujo más prestigioso de mediados de los años treinta, un coche destinado a las personas más ricas y poderosas y a las altas esferas del gobierno de la Alemania Nazi.

Mercedes 540k Special Roadster de 1936

Mercedes 540k Special Roadster de 1936

Este deportivo alemán tenía un moderno chasis con suspensión independiente a las cuatro ruedas. Utilizaba una estructura en escalera con grandes largueros en caja. La suspensión trasera llevaba ejes móviles sencillos mientras que la delantera usaba espoletas dobles. La carrocería era muy pesada y, en completo, el coche podía superar los 2.500 kilos de peso. Para empujar semejante mole, disponía de un enorme motor de ocho cilindros en línea con compresor de tipo roots, de 5’4 litros de cubicaje que otorgaba una potencia de 180 caballos a 3.500 rpm, alcanzando los 169 km/h de velocidad máxima. Se trataba de un monobloque de hierro fundido con culata y carburador, con 2 válvulas paralelas por cilindro accionadas por un único árbol de levas, empujadores y balancines. El diámetro por carrera era de 8’78 cm x 11’09 cm y la relación de compresión era de 6’13:1.

Esos 180 caballos de potencia estaban asociados a una transmisión manual de cuatro velocidades, pero que en las dos primeras marchas, el cambio era semiautomático. Los frenos eran de tambor Lockhead e hidráulicos y montaba llantas de radios de alambre. El compresor era una de las innovaciones desde el punto de vista tecnológico. El motor aspirado rendía a una potencia de 115 caballos pero el compresor entregaba 65 caballos más en breves periodos cuando se pisaba el acelerador a fondo. Los ejes móviles traeros permitían que el 540k tuviese un buen agarre en las curvas, siempre que se circulara a velocidad moderada y, gracias al chasis, la suspensión independiente y el peso del vehículo, ofrecía una conducción extraordinaria. Otra particularidad eran los limpiaparabrisas, que se accionaban con un motor colocado encima del propio parabrisas y no debajo, y también los parachoques de acero para amortiguar los golpes y permitir que el coche recuperara su forma.

Mercedes 540k Special Roadster de 1936

Mercedes 540k Special Roadster de 1936

El 540k fue producido en varias carrocerías, sedan, coupé y cabriole, pero fueron éstas últimas las que alcanzaron mayor aprecio y las que, a la postre, acabarían convirtiéndose en auténticas joyas del automovilismo y en objeto de deseo de los coleccionistas más exquisitos. De hecho, en una subasta celebrada en el año 2012, la “Pebble Beach Concours d’Elegance”, en Pebble Beach, California, fue vendido un ejemplar de los más de 400 que se construyeron por una estratosférica cifra que rozó los 12 millones de dólares. El modelo subastado era un Special Roadster que perteneció a la baronesa prusiana Gisela Josephine von Krieger, una de las mujeres más ricas e influyentes de la época y que, como no podía ser de otra forma, se movía en un Mercedes 540k.

Mercedes 540k Special Roadster de 1936

Mercedes 540k Special Roadster de 1936

El 540k se convirtió en el buque insignia de la marca de Stuttgart y en uno de los coches más exclusivos del mundo, tanto que sólo se construía por encargo por algunos pocos privilegiados que se lo podían permitir. Su potente motor, la elegancia de sus líneas, su extraordinaria conducción que permitía hacer largos viajes con total comodidad, su robustez y su enorme fiabilidad, propia de la marca, lo convirtieron en uno de los mejores automóviles construidos antes de la Segunda Guerra Mundial y contribuyó a mantener a Mercedes como una marca preciada que construía los vehículos más rápidos del mundo. Desgraciadamente, no tuvo una vida larga ya que, apenas tres años después de su presentación en sociedad, las sucesivas invasiones de Hitler en Centroeuropa condujeron a Alemania nuevamente a la guerra.

 

Fuente: Atlas de coches muy antiguos, Susaeta

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