Bentley Bentayga Diésel: ¿Era necesario?

Bentley Bentayga Diesel. Foto: James Lipman

Bentley Bentayga Diesel. Foto: James Lipman

Como si de una especie de ley no escrita se tratase, algo así como “si quieres aumentar las ventas, produce un SUV”, en la actualidad no hay fabricante que se precie que no ofrezca un vehículo de estas características en el elenco de su oferta disponible. Hay a quien le gusta y a quien no y, para gustos, colores pero, lo que sí es, cuanto menos, discutible es que determinadas marcas que siempre la hemos metido en la categoría de deportivas caigan en la tentación de sumarse a esta moda. Y más cuestionable aún es que, además, incorporen mecánicas diésel.

La primera de las dudas, si una marca históricamente deportiva debe introducirse en el segmento de los SUV, hace años que quedó superada, cuando Porsche lanzó el Cayenne, todo un éxito de ventas hasta el punto de haberse convertido en el modelo más demandado de la marca de Stuttgart. Ya se veden más Cayenne que 911, que es el emblema de la casa alemana. Antes, cuando pensábamos en Porsche, se nos venía a la mente un 911 Carrera, Targa, Turbo o en cualquiera de sus variantes. Hoy, pensamos rápidamente en un Cayenne, en un SUV.

Porsche Cayenne. Foto: Porsche

Porsche Cayenne. Foto: Porsche

Cuando digo si una marca debe hacer un SUV, no juzgo la decisión de una empresa para obtener más beneficios o mejorar las ventas, que al fin y al cabo es de lo que se trata y cada cual tiene el derecho de tomar las decisiones que crea oportunas para el bien de su negocio. Aparte,  no soy quien para decir lo que debe hacer o no una empresa. Pero a veces, esas decisiones inciden en la imagen que se tiene de la marca. No obstante, como digo, Porsche abrió la veda y se sumó a los vehículos de aspecto todoterreno, como ya hacían marcas como Volvo, con el XC90 o BMW con el X5. Mercedes, en cambio, cuenta en su gama con un todoterreno desde los años 70, el Clase G que sí es un auténtico 4×4 y no un SUV. Es un coche pensado preferentemente para circular por superficies muy exigentes y superar obstáculos impensables. Luego, en la década de los 2000, también entró a fabricar sus SUV y de todos los tamaños posibles, creando una nomenclatura que terminaba volviéndonos locos y que, el año pasado, tuvo que simplificar. Incluso llegó a crear un nuevo tipo de carrocería que mezclaba el monovolumen, el SUV y el Station Wagon, bautizándolo como Clase R de la que no se volvió a saber más.

Mercedes Clase R 2010. Foto: noticias.coches.com

Mercedes Clase R 2010. Foto: noticias.coches.com

Ahora les llega el turno a otras marcas legendarias con un amplio historial en la competición como son Alfa Romeo y Maserati. Ambas se encuentran en un gran momento de crecimiento y de ellas depende mucho el futuro del Grupo FIAT-Chrysler. En el caso de la marca del tridente, sus últimas berlinas, Quattroporte y Ghibli, han tenido un gran éxito de ventas, gracias también a la incorporación de mecánicas diésel aunque, sobre la conveniencia o no de un motor de gasóleo en coches como estos, me referiré a continuación. Ahora ha lanzado el Levante, un todocamino para competir en el segmento de los SUV de lujo. Y lo mismo va a hacer Alfa Romeo próximamente con el lanzamiento del Stelvio, además de otros SUV de otros tamaños que están dentro de los planes de la casa del Biscione para los próximos años.

Maserati Levante. Foto: noticias.coches.com

Maserati Levante. Foto: noticias.coches.com

En segundo lugar, cuestionaba  el uso de motores diésel. Algunos estarán en desacuerdo, pero muchos compartirán que es, como poco, inadmisible la presencia de mecánicas diésel en ciertos tipos de coches y sabido es que muchos fans de algunas marcas se han convertido en detractores de las mismas. Creo que nadie se imagina hoy en día un Ferrari con motor diésel, ni tampoco un Lamborghini o un Rolls Royce. Y seguramente, más de uno necesitaría asistencia médica si un día abriera una revista de motor y se encontrara con un titular que anunciase la llegada del diésel a alguna de las marcas citadas. Eso mismo ocurría hasta hace muy poco con marcas como Porsche, Jaguar, Maserati… y ahora Bentley.

En el caso de Jaguar hasta se podía entender, ya que guarda una dura competencia con las berlinas alemanas y, si pretende enfrentarse a ellas de tú a tú, se hacía imprescindible contar con mecánicas diésel, además de una línea estética menos “señorial” que sedujera a un público más joven, como hizo el ingeniero Ian Callum en 2009 con el actual XJ, una línea que se ha extendido a los XF y XE, además del deportivo F-Type. Pero, dejando a un lado el caso de la marca británica, si hace diez años no hubiesen dicho que veríamos un Porsche, o un Maserati o un Bentley diésel seguro que no habríamos podido contener las carcajadas. Y, sin embargo, hoy es una realidad.

Jaguar XJ 2016. Foto: Jaguar

Jaguar XJ 2016. Foto: Jaguar

En Europa existe un culto al diésel desde que empezaron a generalizarse los motores turbodiésel, acompañados de la tecnología common rail y la inyección directa en los 80. Me refiero al uso de esta tecnología en turismos producidos en serie, como tecnología ya existía desde mucho antes. Hasta los años 80, los motores alimentados por gasóleo eran atmosféricos y ofrecían unas prestaciones muy pobres, a cambio de un consumo más reducido que los de gasolina. El primer motor turbodiésel apareció en 1977 en el Mercedes Clase S, pero entregaba sólo 80 caballos de potencia, insuficientes para mover con soltura más de 2.000 kg. Pero, con la aparición de tecnologías como el famoso TDI, a finales de los 80, la cosa empezó a cambiar y las mecánicas de gasóleo comenzaron a ser más interesantes y a ganar más adeptos. Eran motores que consumían menos que los de gasolina, el litro de gasóleo era más barato y además ahora ofrecían más potencia, par y, en definitiva, mejores prestaciones.

Audi 100. Foto: favcars.com

Audi 100. Foto: favcars.com

Pero se trataba (y también en la actualidad) de una mecánica ideal para el tipo de coche convencional que compra la inmensa mayoría de los conductores. Al fin y al cabo, la gente quiere un automóvil que satisfaga sus necesidades básicas, ofrezca un buen comportamiento y consuma poco. El nuevo Bentley Bantyga diésel usa el mismo motor que el Audi SQ7, un V8 TDI de cuatro litros con dos turbocompresores, más otro eléctrico, que desarrolla 435 caballos. Hace tiempo que en Ingolstadt trabajan con turbos eléctricos y el SQ7 es el primer modelo de producción en estrenar esta tecnología que permite al propulsor entregar toda su fuerza prácticamente desde que se acaricia el acelerador, ofreciendo un par brutal de 900 Nm entre 1.000 y 3.250 rpm. Luego interviene un turbocompresor más pequeño y, a un régimen alto, entra en funcionamiento el segundo turbo, más grande.

Audi SQ7. Foto: autobild

Audi SQ7. Foto: autobild

El SUV inglés tiene un precio en Gran Bretaña superior a las 135.000 libras, algo más de 156.000 euros. En España, el Bantayga con el motor W12 de gasolina y 608 caballos cuesta más de 240.000 euros, así que es de esperar que la versión diésel se sitúe cerca de los 200.000 euros. Con estos números, la pregunta es: ¿alguien que se gasta 200.000 euros en un vehículo, se va a preocupar del consumo de carburante? ¿Merece la pena introducir una mecánica de gasóleo en un coche así? Creo que la respuesta es evidente.

Bentley Bantayga. Foto: Bentley

Bentley Bantayga. Foto: Bentley

Ya he hablado en más de una ocasión de la visión enormemente idealizada que existe hacia el motor diésel, tanto en Europa como concretamente en España porque muchos conductores creen que se ahorra con el diésel y no es así. Pero no es esa la discusión que atañe a este artículo sino la conveniencia o no de estas mecánicas en coches deportivos y exclusivos cuyos precios son hasta mareantes. Yo soy de los que no concibe, por ejemplo, un Porsche o un Maserati con el sonido del traqueteo de un motor diésel, por mucho que los ingenieros hagan virguerías para disimular ese sonido, como ocurre en la marca del tridente. Considero que la presencia del diésel en vehículos exclusivos los devalúa y les resta esa exclusividad. El Bantayga diésel seguirá siendo exclusivo y único por el precio que tiene pero menos que el mismo con motor de gasolina. Es casi como decir: “es un Bantayga, pero menos…” Y lo mismo se puede extender a los Porsche Panamera y Cayenne, Maserati Ghibli y Quattroporte y otros.

 

Fuente: Bentley/Audi

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