Giannini, historia de una leyenda romana

Giannini Automobili. Foto: Giannini

Giannini Automobili. Foto: Giannini

Nació como una oficina de recambio de componentes mecánicos y se especializó en la preparación de motores para la competición. Fue el competidor de Abarth en los sesenta a partir de la llegada del FIAT 500.

 

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, que paralizó a toda Europa durante cuatro interminables años y arrebató las vidas de decenas de millones de personas, la industria automovilística experimentó un espectacular crecimiento gracias a la aparición de grandes nombres que se convertirían en leyendas de las cuatro ruedas y cuyas aportaciones fueron vitales para el desarrollo de algunas de las carreras de competición más famosas del mundo, tales como Le Mans, la Mille Miglia o la Targa Florio, escenarios donde grandes genios de la mecánica probaban sus creaciones. Uno de esos nombres legendarios fue Giannini, una marca nacida en Roma dedicada a la modificación y preparación de motores para la competición. Lo que empezó como una pequeña oficina de recambios acabó convirtiéndose en preparador oficial de FIAT, protagonizando una hermosa y apasionante rivalidad con Abarht a partir de los años sesenta, con la aparición de versiones más prestacionales del FIAT Nuova 500.

De los orígenes a la FIAT Giannini Topolino y la fama como preparador de motores

Los orígenes de Giannini se remontan a 1920, cuando los hermanos Attilio y Domenico Giannini abrieron una pequeña oficina, a orillas del Tíber, en donde se dedicaban a la fabricación y venta de diferentes componentes mecánicos para automóviles. Pronto, apenas dos años después, esta oficina comenzó a colaborar con la marca Itala y, en 1927, elaboró un bólido con el que participó en la primera carrera de la Mille Miglia, el Itala Tipo 61. Desde entonces, Giannini se había especializado en la preparación de motores para las diferentes competiciones de la época. Su reputación aumentó cuando en los años treinta realizó una serie de modificaciones en el FIAT 500 Topolino, modificaciones que convirtieron a este pequeño “ratoncito” en una máquina de carreras, consiguiendo multitud de victorias y records mundiales en la categoría de 500 centímetros cúbicos. Una de las innovaciones más destacadas que introdujeron los hermanos Giannini fueron las bielas hechas en aluminio que permitían, por un lado, una mayor ligereza del motor y, de otro, evitar que una rotura eventual de una biela destrozara por completo el motor. El FIAT Giannini Topolino consiguió cruzar la línea de meta en varias carreras populares de la época como la Trento-Bondone, incluso por delante de los Ferrari, alcanzando los 160 km/h de velocidad media en algunas pruebas.

FIAT Topolino de 1936. Foto: Car

FIAT Topolino de 1936. Foto: Car

Giannini era ya una marca famosa en Italia pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial frenó las ambiciones de la compañía romana. Como la mayoría de empresas, tuvo que dirigir sus servicios al ámbito militar. Una vez finalizada la contienda, los hermanos retomaron la actividad pero, esta vez, no con vistas a la competición sino a la elaboración de motores propios destinados al sector de camiones y vehículos pesados que habían quedado inutilizados en la guerra. En 1947 Giannini produjo un motor diésel de tres cilindros e inyección directa que entregaba 40 caballos de potencia pero su éxito fue discreto y a finales de la década de los cuarenta volvió al mundo que le había dado notoriedad, el de las carreras.

La breve experiencia en el campo militar hizo que la pequeña empresa romana aumentara sus competencias técnicas y ganara en robustez. Construyó nuevos motores y en 1949, Giannini creó su primer prototipo, el G1 750 con el que participó en la carrera de la Mille Miglia en la categoría de 750 centímetros cúbicos, obteniendo un resultado considerable. El éxito de la mecánica Giannini era tal que acaparó la atención de personajes como Barardo Taraschi, empresario y piloto italiano que fundó su propio negocio en la ciudad de Teramo, Meccanica Taraschi, y construyó varios vehículos de carreras bajo la marca Giaur, con la colaboración de los hermanos Giannini.

Los años cincuenta, el crecimiento económico y la aparición del FIAT Nuova 500

En la década de los cincuenta se produjo un fenómeno desde el punto de vista automovilístico que supuso una auténtica revolución en el país, la aparición del sustituto del Topolino, el FIAT Nuova 500 o simplemente La Cinquecento. Una década después de la Segunda Guerra Mundial, Europa fue protagonista de un gran crecimiento económico, en parte, debido al Plan Marshal que permitió el aumento de las economías europeas. A ello contribuyó también las nuevas políticas económicas de la recién creada Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA)  y posteriormente la Comunidad Económica Europea (CEE) y Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA), antecedentes de la actual Unión Europea.

El viejo continente comenzó a entrar en la sociedad del bienestar y la población de los diferentes estados empezó a alcanzar mayores niveles de prosperidad. El crecimiento económico favoreció el desarrollo de la industria de la automoción y, particularmente en Italia, para 1955 se hacía necesario renovar el ya viejo Topolino y ofrecer un vehículo más moderno. Así nació el FIAT 600, que tuvo un gran éxito comercial también en otros países como España, bajo la marca SEAT. Sin embargo, continuaba siendo un coche algo caro para algunos sectores de la población, de modo que la marca turinesa decidió crear otro modelo más económico. Fue entonces cuando en 1957 apareció la Nuova 500, un vehículo utilitario, muy pequeño, cómodo y práctico que no sólo permitió a los italianos acceder a su primer coche sino, también escribir una de las páginas más importantes en la historia del automovilismo.

FIAT Nuova 500 de 1957

FIAT Nuova 500 de 1957

El éxito del 500 fue tan grande que prácticamente llenó las ciudades de estos pequeños y simpáticos coches. Pero el 500 no era simplemente un práctico utilitario, era también el símbolo de un país que entraba finalmente en la modernidad, representa el final de una época oscura llena de hambre y miseria y la llegada de una nueva era de prosperidad. Esto fue aprovechado por Giannini que vio la posibilidad de repetir los logros que había conseguido con la Topolino en los años treinta pero multiplicados, debido a que ahora había más personas que se podían permitir un coche. La marca romana preparó una serie de modificaciones mecánicas y estéticas para la nueva joya de Turín y el resultado fue el Giannini 500 TV (Turismo Veloce) y el Giannini GT 590 en 1963, dos versiones especiales que aumentaron aún más la popularidad del Cinquino.

Giannini 500 TV. Foto: automobili.it

Giannini 500 TV. Foto: automobili.it

Las modificaciones en el motor permitían casi doblar la potencia original, desde los 18 hasta llegar a los 35 caballos, según las versiones, gracias al uso de carburadores de doble cuerpo, doble colector de aspiración con el interior en aluminio, un cárter de aluminio, un tubo de escape especial o el empleo de una pompa electrónica en el depósito de combustible. A la hora de comprar un 500 original, el cliente podía elegir entre varias opciones, como incluir un carburador o un tubo de escape específicos o algún otro componente de la firma Giannini. Incluso, muchos que poseían un 500 de serie, luego sustituían algunas piezas del motor por otras de Giannini, hasta donde les permitía el bolsillo. En el campo estético, la marca romana ofrecía también varias opciones de personalización, como adhesivos, paragolpes, el logo Giannini en el frontal o los acabados interiores más cuidados y deportivos. Para entonces, Giannini ya se había convertido en preparador oficial de FIAT.

Giannini 500 TV. Foto: automobili.it

Giannini 500 TV. Foto: automobili.it

Giannini Vs Abarth, una hermosa y apasionante rivalidad

A partir de los años sesenta, el éxito de Giannini era tan fastuoso gracias a sus preparaciones del FIAT 500 que originó una gran rivalidad con otro preparador que había alcanzado una gran notoriedad como Abarth. Si bien hoy nos resulta más conocida la marca que fundara el empresario y piloto de origen austríaco, Karl (Carlo) Abarth que, además sigue formando parte de FIAT y produce modelos especiales como el Abarth 500, el Punto y, recientemente, el 124, hay que decir que Giannini llegó a ser una empresa mayor que la del constructor austríaco. Incluso, Carlo Abarth estuvo a punto de convertirse en empleado de la marca romana pero el desacuerdo en la cantidad de la retribución lo impidió. Además, muchas de las piezas utilizadas por Abarth eran construidas por Giannini. Pero esa rivalidad no era tan vista entre las dos marcas sino, más bien, entre el público y los tifosi de una u otra.

Abarth 595. Foto: Abarth

Abarth 595. Foto: Abarth

Además de las versiones Giannini del 500 para uso de calle, también hubo otras destinadas a la competición con las que la marca consiguió numerosas victorias en su categoría, tanto en carreras en circuitos como en las famosas carreras en subida. Eran tiempos en los que las carreras populares gozaban de un gran prestigio en Italia y muchos amantes de los coches participaban por pura pasión. Algunos de ellos eran personajes que acabarían siendo importantes como el propio Luca di Montezemolo, quien también competía en diferentes pruebas con un Giannini 500.

Giannini 590 GT. Foto: Giannini

Giannini 590 GT. Foto: Giannini

Los años setenta, la crisis del petróleo y a la transformación en los ochenta

A mediados de los setenta, la crisis del petróleo provocó una crisis económica global que afectó seriamente a la industria del automóvil. Fueron los años en que desaparecieron los grandes motores americanos y en Europa los distintos fabricantes comenzaron a elaborar propulsores más contenidos, como ocurre actualmente con el Downsizing. Las prestaciones y la diversión al volante dejaron paso a la preocupación sólo por la eficiencia y el mayor ahorro posible en el carburante. Giannini había elaborado una versión más prestacional del nuevo FIAT 126, nacido en 1972 para sustituir al 500 (aunque sin el mismo éxito), con un motor que llegaba hasta los 800 centímetros cúbicos.

Giannini 500 TV y Giannini 126 GPA 800. Foto: automobili.it

Giannini 500 TV y Giannini 126 GPA 800. Foto: automobili.it

Pero, ante el nuevo contexto económico, se vio obligado a producir motores más pequeños y realizó una versión del 500 de sólo 350 centímetros cúbicos, pero que rendía la misma potencia. A partir de ahora, la casa romana centró sus esfuerzos en elaborar modificaciones atendiendo a las exigencias y a la realidad económica del momento, sellando el inicio de una nueva filosofía que continuaría en los años sucesivos: ofrecer vehículos con buena calidad de acabados y con consumos ajustados.

La década de los ochenta fue un periodo de transición. A medida que se dejaba atrás, muy lentamente, la crisis energética de 1974 y la industria comenzaba a ver el final del túnel, las diferentes marcas empezaron a introducir diferentes gamas de motores en sus modelos, desde los más básicos hasta los más potentes. Vehículos como el Peugeot 205 GTI, el Renault 5 Turbo o el Ford Fiesta XR2 provocaron un frenesí entre el público más joven. Lo mismo ocurrió en Italia con coches como el FIAT Uno Turbo. Ante esta situación ya no tenía sentido preparar motores, ya que el propio fabricante ofrecía versiones más deportivas de sus propios modelos. Así que Giannini dejó de realizar intervenciones en la mecánica para ocuparse de la elaboración de equipamientos más exclusivos, tanto para las carrocerías como para los interiores, hasta llegar a mediados de los años noventa en los que produjo algunos modelos de FIAT con modificaciones estéticas, pero no en el motor. De esta forma, y gracias a modelos como el Uno y el Panda, se mantuvo la relación entre Giannini y la marca turinesa, una relación que hoy ha quedado reducida a un mero servicio de posventa.

Giannini 500 TV. Foto: automobili.it

Giannini 500 TV. Foto: automobili.it

Giannini permitió, primero con el Topolino y, sobre todo, después con el 500, que muchos entusiastas de las cuatro ruedas pudieran acceder a un vehículo prestacional y a una conducción divertida sin tener que gastar una ingente cantidad de dinero como en modelos deportivos de Alfa Romeo o Lancia. Su contribución al automovilismo ha sido muy notable, además, por haber iniciado una corriente, la de las casas de modificación y preparación de motores, tan populares en Italia en los años cincuenta, sesenta y setenta. Hoy, Giannini es sólo un hermoso recuerdo en el corazón de algunos apasionados que vivieron aquellos años vibrantes o de los amantes del automovilismo clásico que encuentran en la firma romana la nostalgia del tiempo que se fue. Roma, la ciudad eterna que fuera capital de un Imperio que dominó el mundo conocido hasta entonces, nos ha dejado un impresionante legado histórico y cultural, sentando la base de nuestra civilización junto a la cultura griega, y nos ha transmitido también una importante herencia en la historia del automovilismo bajo la firma Giannini.

Giannini 590 GT

Giannini 590 GT

Fuentes: Rai Italia // Drive Experience, Davide Cironi

 

 

 

 

 

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